Más que una nacionalidad, una calidad migratoria o un concepto racial, en la actualidad ser mexicano en California constituye una tarjeta de crédito y, en muchos casos, un modo de ganarse la vida.
Hasta hace relativamente poco tiempo, el mexicano era discriminado por el color de su piel, y de ahí que los menos “tatemados” se declararan automáticamente “spanish”, alardeando de que sus ancestros habían venido en la expedición de Cabrillo o de Sebastián Vizcaíno. En las fiestas cívicas y en los desfiles estos ciudadanos aparecían vestidos a la Rodolfo Valentino, con sombrero cordobés lleno de bolitas y un curioso atuendo mitad de chinaco y mitad de gaucho, en tanto que sus mujeres se ponían claveles reventones sobre la oreja y sacaban a relucir mantillas y peinetas y unas castañuelas que hacían “clac” “clac” de cuando en cuando.
Los mas prietitos (morenos), no pudiendo ocultar su origen Totonaca, se refugiaban en un melancólico ostracismo y se resignaban a ser simplemente “mexican”, creándose un complejo de inferioridad tan pesado como un piano. Evitaron hasta donde fue posible todo contacto con la casta pelirrubia dominante y convirtieron sus barriadas en auténticos “ghettos”, donde sólo se hablaba español y se advertía en el ambiente un delicado aroma de tortillas y frijoles. Los “mexican” soñaban con un México lejano y utópico, tocaban la guitarra y conservaban en sus casas viejos calendarios con la imagen de la Virgen de Guadalupe.
Con el transcurso del tiempo, los hijos de los “spanish” se incorporaron a la masa americana y olvidaron el idioma y las costumbres ancestrales, acordándose de su origen solamente para presumir que eran descendientes de un grande de España. Los hijos de los “mexican”, ya ciudadanos del país y hablando el inglés mejor que el español, subieron un escaño en la escala social y dejaron de ser “mexican” para convertirse en “latins”. Lo de “mexican” todavía olía a burro y a sombrero de petate, en tanto que lo de “latin” daba un cierto parentesco espiritual con determinados galanes de la pantalla que usaban patillas y tenían una romántica caída de ojos al tocar la guitarra. Los de a tiro “mexican mexican”, comedores de chile y tamales y bebedores del bronco tequila, pasaron a ser los braceros y los “espaldas mojadas”
Pero hete aquí que un buen día, por un fenómeno económico en México-y otro musical en el mundo entero-, lo mexicano se puso de moda en los Estados Unidos y dejó de ser un estigma etnográfico. Empiezan a llegar mexicanos bien lavados y mejor vestidos, que se hospedan en hoteles de lujo y gastan dólares a manos llenas. Mexicanos que están orgullosos de serlo, y que lejos de ocultarlo vergonzosamente como antaño, lo pregonan a voz de cuello y lo demuestran sacando sus botellitas de salsa picante en los restaurantes, En los bares, piden ostentosamente tequila y enseñan a las gringas a tomarlo chupando sal y limón, aunque ellos mismos, cuando están en México ingieran solo el rico producto de Escocia. Estos nuevos mexicanos, vestidos con casimir inglés y olorosos a colonia y perfume son banqueros, hombres de negocio, funcionarios públicos o, mejor aún, hijos de revolucionarios. Gracias a ellos, ahora dice usted en California que es un “mexican” y automáticamente le sonríen y le proponen en venta yates, Cadillacs y anillos de brillantes.
Por otra parte, en virtud del éxito obtenido por nuestra música, en la actualidad las orquestas y los cancionistas mexicanos se cotizan a precios muy elevados, lo cual ha determinado que un gran número de personas de otras razas y nacionalidades se conviertan en mexicanos profesionales. Los miembros de la “Tijuana Brass”-que llevan ganados más de 3 millones de dólares con sus discos-son judíos, pero se anuncian como mexicanos. Los “Tequila Boys” son negritos, los “Guadalajara Rock and Rollers” son puertorriqueños. Las “Mexicali Roses” son polacas. Y los “Azteca Comets”, vestidos de mariachis, son nada menos que catalanes….
O sea que a final de cuentas, nos guste o no…ahora en California el ser “mexican” es una gran ventaja…. Qué situación tan más jodida…. ¡Caramba!
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