jueves, 24 de septiembre de 2009

EVASIVAS A LA MEXICANA

Los mexicanos somos especialistas en evasivas, es decir, en dar razones y pretextos más o menos ingeniosos –Aunque a veces- descabellados, para justificar nuestras faltas, nuestras bellaquerías y nuestros actos en general. Sin embargo, hay algunas de estas excusas que materialmente no convencen a nadie, por lo cual a continuación las transcribiré, para que mis amables amigos y lectores forzados vayan pensando en otros subterfugios para escurrir el bulto:
Cuando un mexicano mata a alguien, aduce que interfecto era feo, chaparro, tonto, sinvergüenza, que ya estaba casado, que se nos había quedando mirando, o simplemente por que nos caía gordo; y que además no era de la familia.
Cuando – en el caso de los chicos en edad escolar-, se reprueba en los exámenes, alegar que el maestro nos tiene tirria, y que califica las pruebas en la cantina, agitando el cubilete y poniendo por calificación lo que tiran los dados.
Cuando se llega tarde a una cita, echarle la culpa al tráfico y luego añadir sonriendo que los últimos serán los primeros en el reino de los cielos y aquí también.
Cuando se tiene un hijo fuera del matrimonio, decir que nunca creyó que eso fuera a suceder por un besito y un abrazo posterior.
Cuando se pierde la vergüenza, alegar que se tienen los bolsillos rotos y que a lo mejor se salió por el agujero.
Cuando se llega a casa a las 4 de la madrugada en estado inconveniente, alegar que era el único lugar abierto donde recalar.
Cuando lo deja a uno la novia, alardear que fue uno el que la dejó a ella, porque no sabía poner un botón ni coser un dobladillo, y además de que se tenía la sospecha de que ya no era señorita y nunca lo había sido.
Cuando se cometen 4 faltas de ortografía al hilo en un escrito, argüir que se es autor de un nuevo sistema para escribir el español, más en consonancia y más de acuerdo con la forma en que lo hablamos en el país.
Cuando nos ven con una rubia ( o una morena) desconocidas, alegar en el primer caso, que se trata de una espía soviética y en el segundo, de una cubana, a quién estamos tratando de salvar de las garras de la CIA.
Cuando pedimos aumento de sueldo, decir que es para darle un regalo al jefe.
Cuando nos pasamos de copas, aducir que acabamos de desembarcar en Veracruz y aún nos dura el mareo.
Cuando nos pasamos un alto, decirle al agente de tránsito que estamos enfermos de la vista y que el oculista nos tiene prohibido mirar el color rojo.
Y la menos convincente de todas (y que fue creada por mi compadre Melitón), la de aducir que se es bígamo por ser también bizco, creyendo de buena fe que las dos señoras eran en realidad una sola.

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