(Escrito con el apropiado consentimiento de él, obviamente)
Don Melitón Samaniego Teoacaltiche, natural del pueblo de San Felipe Torresmochas, Guanajuato. Edad 49 años. Estado civil: Casado, en primeras nupcias con la finada Doña Salustia Pacheco, y en segundas nupcias con doña Epigmenia Carrizo, mi actual comadre.
Ocupación: Ha tenido muchas, desde la arriería y la milicia, hasta el comercio de exportación y la política. Mi compadre ha sido además minero, agricultor, vendedor ambulante, peluquero, tratantr de de mulas, diputado federal, fabricante de Jerez, electricista y director de orquesta. En la actualidad funge como director de una fábrica de hilados y tejidos en el estado de Puebla.
El señor Samaniego es mestizo de varias generaciones atrás, si bien alardea de ser indio puro. Católico, apostólico y romano, aunque profundamente anticlerical. En realidad mi compadre es “antitiodo”: Sin filiación política definida, automáticamente está en contra cualquier gobierno o mejor dicho, en contra de cualquier autoridad constituida y de los personajes que la ejercen. El se dice liberal de izquierda moderada, aunque en el fondo es un anarquista. Sin embargo, cuando se lo hago ver, se ha mostrado muy indignado y ha rebatido mi tesis alegando que jamás ha puesto bombas en ningún sitio, a pesar de que ganas no le han faltado.
Melitón es chaparrito, rechoncho, moreno y de ojos negros ligeramente saltones, que le dan un aire de perpetuo asombro. Esta última característica le ha sido de gran utilidad en la vida, especialmente en sus transacciones comerciales y en el trato con subalternos, ya que cuando han pretendido engañarlo, su mirada de sorpresa ha sido interpretada en el sentido de que ya estaba al tanto del trinquete o del embuste del que esperaban hacerlo víctima, lo cual ha determinado un cambio de actitud en el chapucero.
Una de las mayores galas de mi compadre es su frondoso bigote, ahora casi blanco, pero que en épocas pasadas fue de un negro retinto. En sus mocedades lo usó a la Káiser, con guías retorcidas que apuntaban insolentemente hacia arriba, pero en los últimos 10 años, desde que empezó a encanecer dejó que las guías vinieran abajo, lo cual le da un cierto parecido a Don Porfirio Díaz. Por cierto que durante nuestras múltiples discusiones sobre su supuesta ascendencia indígena en un 100 por ciento, cuando he señalado que su bigote es indicio que por sus venas corre sangre con un buen chorro de genes españoles, mi compadre ha estado a punto de afeitárselo, si bien a la “mera” hora le han faltado ánimos para emplear la tijera y las navajas.
Mi compadre es decidor y alternativamente alegre y taciturno, bromista y pendenciero. En la actualidad a causa de los años se le han calmado un tanto los bríos, pero en sus juventudes se preciaba se ser muy macho y se vio envuelto en un sinnúmero de peleas y reyertas, de las cuales salió milagrosamente ileso. Su única cicatriz es la que le dejó un marido ofendido en una nalga. Según parece, Melitón se encontraba en pleno escarceo amoroso con la mujer del ofendido, cuando este regresaba intempestivamente al domicilio conyugal y sorprendió a la pareja. Amagado por la pistola del ofendido, mi compadre –que estaba en cueros-empezó a vestirse rápidamente, mientras hablaba y hablaba. Su labia lo salvó, pues pudo salir de la habitación y aún de la casa sin que el hombre aquel disparara, cuando ya se encontraba en la calle, se percató de que había dejado su valioso reloj Mido, Melitón regresó a recoger el reloj y fue entonces cuando el agraviado le dio un balazo que le impidió sentarse con comodidad durante mucho tiempo.
Mi compadre ha tenido 4 debilidades, a saber: Los caballos, la guitarra, el aguardiente y las mujeres, en este orden.
Buen bebedor, ha sostenido impresionantes diálogos con la botella, especialmente de tequila o mezcal, sin despreciar los vinos importados y la más notable variedad de pulques. El alcohol despertaba sin embargo en él belicosidades chichimecas, que le sirvieron de pasaporte a diversas comisarías a lo largo y ancho de México, en la actualidad bebe poco, debido a cierta afección hepática. Por lo que se refiere a las damas, me abstengo de hacer comentarios por respeto a mi comadre, el episodio del amigo cornúpeta, ocurrió mucho antes de que se casara con ella.
Melitón ha sido agresivo. Sentimental, mentiroso, impuntual pero cumplidor, noblote y tracalero, despilfarrador hasta la exageración, holgazán y a la vez capaz de trabajar día y noche sin descanso, fanfarrón, acomplejado, generoso, malhablado, rebelde innato, patriotero, imprevisor, astuto y a veces pendejo. Padre cariñoso y consentidor, marido dominante y altanero, supersticioso y a la vez descreído, cruel y bondadoso, valiente, fatalista, marrullero pero con sus ribetes de ingenuidad, resignado en la adversidad y quisquilloso en cosas sin importancia; enemigo temible y excelente amigo. Todo en uno. Y para completar el cuadro de su acendrada mexicanidad, añadiré que es indigenista furibundo e hispanófobo despiadado.
Entre todos mis compadres, Melitón ocupa un lugar muy distinguido, ya que fue el primero de ellos y a quién cito con harta frecuencia en estos mis escritos, no sólo por la forma definitiva con que ha intervenido en muchos acontecimientos de mi existencia, sino también por el hecho de que sus reacciones, su manera de ser y de pensar y su modo de ver la vida son tan típicamente mexicanos. Si bien es muy difícil establecer un patrón o modelo que caracterice al mexicano, siendo este un país tan heterogéneo. Hay ciertas peculiaridades, actitudes, determinadas reacciones que distinguen al mexicano de cualquier otro habitante del planeta. Mi compadre Melitón es un compendio de todas ellas, lo cual, de cierta manera refleja la totalidad del carácter del mexicano, aunque no hay nadie que lo entienda del todo. Ni nosotros mismos, a pesar del hecho de ser 100% mexicanos.
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