Desde la más remota antigüedad se practica en todos los almacenes del grupo Liverpool (Cadena de tiendas departamentales en la cual trabajo) un ingenioso sistema económico, muy mexicano, que viene a complementar los raquíticos ingresos de los empleados, fomenta la industria nacional y las artesanías domésticas y contribuye al desarrollo del cooperativismo. Me refiero a las Rifas.
A los 3 o 4 días de haber Cobrado la quincena, cuando otra vez se está en la inopia, todos los empleados empiezan a proponerse mutuamente rifas de un sinnúmero de objetos, que van desde la chambrita tejida en horas de trabajo, hasta un lote en un nuevo fraccionamiento, pasando por anillos, relojes, cámaras fotográficas, boletas del monte de piedad, celulares, suéteres, aparatos de televisión y hasta niños de tercer año de primaria.
De repente y en el momento menos pensado, nos cae fulanita, la de Juniors, que en otras ocasiones apenas y si saluda, pero ahora viene hecha un caramelo, con mucha caída de ojos y contoneo de su talle de avispa.
-Jefe-dice-vengo a molestarlo para ver si le “entra” usted a una rifa de este precioso juego de pluma fuente y lapicero. Son 100 números, a 5 pesos cada uno y la rifa se hará en combinación con el sorteo de la lotería nacional del día 20.
-¡Uyyy fulanita!… me encuentra usted en un momento de total afonía argentífera…no tuve tiempo de ir al banco…
-No importa Jefe. Puede usted pagar el día de la quincena.
Y no queda más remedio que “entrarle” a la susodicha rifa.
Al poco rato aparece López, el del departamento de caballeros, con su eterna sonrisa de catálogo y los zapatos abrillantados a rabiar.
-Jefe, mire usted nomás que brillantote. Está valuado en más de 10,000 pesos, pero lo estoy rifando en 100 números de 7 pesos.
-ya tengo el gusto de conocer la prenda, López…si mal no recuerdo, empezó a rifarse hace mas de 15 años en la sucursal de Centro y desde entonces ha pasado por las sucursales de Patria, Sol, Gran Plaza y Galerías…incluso creo que en una ocasión me tocó ganar la rifa y yo después la rife en 100 números de a 5 pesos cada uno.
-Razón de más para volver a “entrarle” mí estimado Jefe.
Pero lo extraordinario de este sistema es que las piezas están en constante movimiento, creando así una saludable corriente de divisas. Nadie se queda con los premios, sino que vuelven a rifarlos. De un promedio de 100 sorteos a los que le “entra” uno a la quincena, se gana una prenda que rápidamente se vuelve a ofrecer en 100 números de a tanto cada uno, recuperando así lo invertido más una pequeña ganancia, Según mis cálculos (muy conservadores por cierto), en el trascurso de un año se efectúan 150,000 rifas en cada una de las sucursales de la empresa (son 75 almacenes en la república) con un capital circulante de 24 millones de pesos gloriosamente libres de impuestos.
Lo más importante, sin embargo, es que el sistema crea una especie de cooperación, confianza y ayuda mutua entre los empleados, recurso de pobretones, si se quiere, pero que da resultado. Lo cual me ha inducido a proponer seriamente la implantación en el programa de la Alianza para el progreso, a ver si así sacamos algo en claro. En una de las tantas rifas interdepartamentales, a lo mejor un día nos toca recibir en premio la Dirección General de la empresa.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario