Dada la rapidez con que la mayor parte de las mujeres están dispuestas a aceptar al primer ciudadano que les propone matrimonio, uno pensaría que la decisión es particularidad del carácter femenino.
Nada más alejado de la realidad, excepción del caso arriba citado, en que ellas no reparan si el pretendiente es rubio o moreno, alto o chaparro, gordo o delgado, la incertidumbre gobierna a la mujer( en lo que adquisiciones se refiere), desde que escoge la primera muñeca, hasta que elige el último chal negro.
Las mujeres van de compras constantemente, pero en general compran poco, ustedes y yo como varones que somos, sólo tardamos 15 minutos en adquirir un par de zapatos, ellas, para escoger lo mismo tardan 15 días.
En una escapada a un centro comercial compramos lo que ellas adquieren en 2 meses, compramos camisas, corbatas, calcetines en lo más 30 minutos, ellas requieren 4 semanas para comprar medias, fondos, vestidos y faldas por esa misma cantidad y si se quieren comprar zapatos tardarán lo menos 3 meses.
La realidad es que en la mujer, el instinto de ir de compras está tan arraigado como el instinto maternal, lo primero no significa que compren algo cada vez que salen de shopping, como lo segundo no significa que anden dando a luz sin ton ni son.
Ninguna mujer ( hasta donde yo sé), es capaz de comprar un vestido a primera vista, después de haber examinado como 20 modelos ( en un lapso de una semana a un año, según el tiempo que disponga), elimina 17 y entra en una fase de congoja suprema al tener que elegir uno de los 3 vestidos restantes, consulta a sus parientes y amigas y luego descarta de golpe esas opiniones, vuelve a probarse los 17 anteriores y por fin resuelve llevarse uno que no estaba considerado en los 20 modelos escogidos ( off).
La rapidez con que nosotros los varones adquirimos cualquier cosa, impacienta a las mujeres, imagino que han de sentir el mismo desdén que siente un gato por las ratoneras, al haber estado dando zarpazos al roedor y gozando de la prolongación de la cacería, el prosaico aparatito se despacha al ratón de un golpe seco.
Así las cosas, los hombres entramos al primer establecimiento que encontramos, pedimos exactamente el artículo deseado, pagamos lo que nos piden y lo llevamos en su bolsita, esto despierta en las damas un profundo desprecio.. ¿Donde está la emoción de recorrer las calles y contemplar aparadores? ¿Donde la de hacer bajar al dependiente la mercancía de 5 anaqueles y no llevarle nada?
Ahora bien, los hombres deberíamos dar gracias al cielo por este orden de las cosas, si nuestras mujeres comprasen cosas cada vez que salen a la calle, no alcanzaría el presupuesto que puede destinar un país mediano a gastos militares.
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