Es costumbre muy arraigada en México, celebrar las despedida de soltero, pero no se aún de nadie que haya celebrado una despedida de casado.
En mi autorizado concepto (y lo digo no por vanidad, más bien por trepidante experiencia), tanto la entrada como la salida del matrimonio deberían festejarse a lo grande, y digo con mi autorizado concepto (Trabajé en una cadena departamental que tiene el servicio de mesa de boda) aún no se ha lanzado a anunciar algún tipo de Champaña (o cuando menos Sidra), para celebrar las despedidas de casado.
Estas despedidas, al igual que las de soltero, deberían de ser alegres, venturosas, abundantemente regadas con buenas copas, alborozada y esperanzadora, ya que abre una puerta a un futuro, quizá feliz, pero siempre distinto y desde luego más económico.
Así como los solteros se lanzan de cabeza al proceloso mar del matrimonio, que invariablemente cambia la vida, costumbres y ambientes y hasta el modo de andar, así también el casado que decide salir de nuevo a la superficie, y alejarse de la bronca matrimonial, pasará de nueva cuenta a la felicidad de la soltería, donde ya no tiene que dar cuenta de la hora ni del estado inconveniente con el que se acostumbra llegar a casa.
Al igual que se hace en las de soltero, las despedidas de casado puede consistir en una larga noche de juerga, cena con los amigos, baile tropical o espectáculo folklórico, hasta madrugada y bebida en abundancia (Salud Club de Tobi) para terminar por ahí de las 7:00 a.m. en alguna menudera comiendo caldos de panza picosos con cerveza helada, tratando de evitar en lo posible la espantosa cruda que se avecina.
Por lo que respecta a las Damitas, así como las despiden de solteras sus amigas, en casa de alguna de ellas y la pasan a todo dar, contándose chistes rojos, verdes y hasta colorados, bebiendo cubitas y haciendo jocosas alusiones eróticas a lo que espera a la agasajada en la noche de bodas, en las despedidas de casada, igualmente se podrán reunir en casa de alguna amiga o de la propia de la liberada, a contar chistes verdes, rojos y colorados, volver a beber cubitas y contarse más anécdotas eróticas, esta vez con la ventaja de que la ahora festejada puede aderezar la reunión con las de su propia cosecha y experiencia adquiridas en el matrimonio.
En cualquiera de los dos casos, será siempre, una noche inolvidable.... ¿o no?
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